Una nueva muestra de insensibilidad.

Hoy queremos referirnos a un aspecto derivado de lo sucedido con el ARA SAN JUAN. Como en la mayoría de los casos en el último tiempo, se ha escrito de manera sobreabundante sobre el tema. Dejaremos ciertas opiniones libradas a los expertos en “submarinismo” en la Argentina.

Tragedias como la acontecida suceden y sucederán. Las llamadas potencias mundiales han atravesado por ellas, incluso con submarinos nucleares. Son circunstancias que, lamentablemente, suceden.

Las responsabilidades que puedan corresponder por este incidente serán determinadas, o no, por los funcionarios de un desacreditado Poder Judicial, con lo bueno y lo malo que ello implica. Entendemos que no corresponde desde estas líneas deslizar opiniones sobre esas responsabilidades jurídicas.

Existen demasiadas plumas y demasiadas voces que adjudicaran, según sus conveniencias en algunos casos, las susodichas responsabilidades. Dejemos que se despachen a gusto.

Lo que nos llamó la atención a quienes hacemos esta página fueron ciertas conductas. Desde estas páginas entendemos que la política implica la representación y gestión de intereses. Intereses que representan a mayorías o minorías, a sectores sociales o a elites, a grupos con necesidades insatisfechas o a grupos con dichas necesidades cubiertas, y todas aquellas distinciones que el lector quiera efectuar.

Pero esa representación requiere, para poder llevarse adelante, sensibilidad. Ya sea que se busque representar un interés u otro para poder hacerlo es indispensable contar con un grado de sensibilidad social. Aquel sujeto que carece de esa sensibilidad no debería dedicarse a la política porque carece del elemento esencial para llevarla a la práctica.

¿A qué nos referimos concretamente? A los maltratos de distinto tipo a los que fueron  sometidos los familiares de los tripulantes del submarino o a atribuir lo sucedido a la gestión política anterior, como si fuera parte de ese slogan de “la pesada herencia”, sin asumir que la gestión de la vida de los argentinos esta en las manos de aquellos mismos que pretenden deshacerse de esa responsabilidad.

Actitudes como, a mero título de ejemplo, las que mencionamos  en el párrafo anterior nos llevan a reflexionar sobre otras situaciones que dieron lugar a la primer editorial de esta página. Ese desdén por el otro. La insensibilidad ante lo que atraviesa, ante lo que sufre nuestro semejante. En resumidas cuentas, la imposibilidad de poner en el lugar del otro, de aquel otro a quien se debería representar.

Sin sensibilidad ante lo que padecen los demás, no hay chances de hacer políticas para las mayorías sino tan solo una adecuada gestión de meros intereses materiales de grupos minúsculos de esa misma sociedad que te asignó su representación.

De errores políticos se puede volver, se puede aprender; pero de la falta de sensibilidad no existe retorno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *