Sobre el cuerpo de la mujer

A lo largo de los siglos la construcción de nuestra sociedad capitalista ha ido direccionando la normalidad desde diferentes dispositivos sociales, económicos, culturales y políticos sobre los cuerpos. Siglos de disciplinamiento y violencia para construir una estructura de tal magnitud donde actualmente toma una dimensión difícil de analizar ya que el poder siempre es ejercido desde el silencio y la invisibilidad.

Los cuerpos disciplinados han ido tomando forma y solidez, los mandatos sociales incorporados en la matriz familiar heteronormativa han ido construyendo estamento psicológico, emocional y físico sobre los cuerpos. La mujer como construcción social normalizada ha soportado aberraciones contra su cuerpo, la tipificación jurídica sobre la violencia hacia la mujer constituyó atributos potenciales de dominación masculina sobre los cuerpos femeninos. Se han ido aleccionando las disidencias por medio de la violencia y el terror, mujeres que han sido violadas, torturadas, muertas o desaparecidas y un

Estado como garante de la impunidad patriarcal. Aun hoy con el avance en materia de derechos humanos incorporados institucionalmente la garantía sobre la protección de las mujeres es soslayada por los hechos que a diario acontecen y que aun en casos judicializados hay sentencias de absolución para los violentos o reducción de condenas.

¿Cuáles son las alternativas eficientes de protección integral que las mujeres tenemos sobre nuestros cuerpos? ¿Cuál es la matriz jurídica que debería garantizar nuestros derechos? Y de ser así ¿Cual es su concreta aplicabilidad a las violencias que vivimos a diario? Ninguna o casi nula.

Cuando salen a la luz denuncias sobre los cuerpos violentados se cuestiona la racionalidad sobre la víctima, solo por su condición de género, sale a la luz también las falencias del Estado y sus leyes, sale a la luz la estigmatización y prejuicios sociales, sale a la luz el patriarcado como respuesta a esta construcción social.

Mujeres asesinadas a pesar de tener el botón anti pánico, amedrentadas por los violentos con perimetral, secuestradas y torturadas por denunciar a las mafias políticas y redes de trata, desaparecidas por exponer públicamente a los perversos. Las mujeres solas con sus cuerpos ultrajados contra todo un sistema que replica disciplinamiento sobre todo aquel que los expone.

Ante este panorama la gran mayoría decide no denunciar a su agresor y consecuentemente infinitas opiniones sociales y mediáticas que las juzgan impunemente; toman como verdad que “si no denuncian es porque debe ser mentira”, otra vez la re-victimización. Otra vez el patriarcado gana. Pocas son las que tienen la posibilidad de tener el dinero para contratar un letrado, la mayoría con suerte trabajadoras en blanco que intentan sobrevivir a las políticas neoliberales, otras en “negro” y en precariedad, otras desempleadas atadas a la desigualdad que sostiene este sistema.

La justicia sigue siendo un privilegio, la vida y la muerte tienen dueños. Las estrategias de control se multiplican, la crueldad sobre los cuerpos se intensifica, y la estructura de los poderes diferenciados y asimétricos se acrecientan, la gestión estatal en la esfera pública de la mujer demuestra su incapacidad de proteger la vida de las mujeres.

Tal como Foulcault expone sobre el cambio de paradigma de una sociedad disciplinaria donde lxs sujetxs desarrollan adiestramiento, domesticación, cuerpos dóciles y económicamente rentables hacia la biopolitica, el paradigma de la soberanía y de las tecnologías negativas del poder que devienen en represión, censura y sujeción transmutan a una totalidad donde la vida se vuelve objeto del poder, normalizando incluso sus anomalías y operando sobre sus trastornos.

La teoría de Foulcault que continúa vigente en la estructura de nuestra sociedad expone también cuatro categorías anómalas:

1- La histerización del cuerpo femenino: El cuerpo asumido femenino siempre tiene una connotación psiquiátrica, juzgable, tratable. Lo femenino es una construcción modélica.
2- Una pedagogización del sexo del niño: La sexo del niñx se circunscribe institucionalmente, se normaliza.
3- La socialización de las conductas procreadoras: La incorporación del mandato social sobre el cuerpo de la mujer en cuanto a la reproducción de la especie humana y la construcción simbólica sobre la procreación y el vínculo. La gestación que es obligada penalmente a la mujer por sobre la decisión personal de ser madre o no, aun en un micro-margen legal sobre el aborto no punible en casos donde esté en peligro la integridad de la mujer.
4- La psiquiatrización del placer perverso: Ejemplo claro de esto es el género trans, queer y demás disidencias. Aun hoy existen espacios donde la homosexualidad es sinónimo de perversión bajo el estigma social, tal como la histerización del cuerpo femenino, es tratable.

Podemos observar ejemplos de este proceso en la construcción del sentido común, en los pensamientos generacionales, en la producción teórica sobre el sexo, sobre sus formas de experimentarlo de “buena manera” o “mala manera”, en la forma de vincularnos con un otro, en la construcción del vínculo afectivo, en la monogamia, en toda disidencia que se sale de la norma.

Toda anomalía conlleva un disciplinamiento, toda normalización conlleva una disidencia, pensar el poder desde la biopolitica es pensar como estamos sujetados a una matriz patriarcal que una y otra vez disciplina cuerpos, pensamientos, ideologías y resistencias. Solo desde el vínculo empático con un otrx y el cuestionamiento de lo institucionalizado nos da la posibilidad, la potencia, el poder de construir desde lo comunitario la lucha por la transformación de una sociedad inclusiva y equitativa y, a su vez, potenciar estrategias para incidir en el Estado y en lxs que toman las decisiones para que garanticen nuestros derechos y los amplíen, modificando sus falencias que, aun en democracia, ejercen violencia y la instituyen legitima. Pensar la biopolitica desde la resistencia de los cuerpos violentados es también disputa de poder.

Adriana Toledo para “El Retorno de los Sofistas”.

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