#RetornandoSucesos

06 de diciembre de 1880

La federalización de Buenos Aires

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

 

Hasta 1880, las autoridades nacionales residían en la actual ciudad de Buenos Aires en calidad de huésped, ya que la provincia prestaba su territorio para ello. El 6 de diciembre de 1880, y luego de 70 años de disputas, se promulga el decreto de federalización de Buenos Aires, resolviendo la “cuestión capital” de la República Argentina.

 

Luego de la revolución e independencia de las provincias del ex virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires no mantuvo su condición de “capital” y solo en ocasiones políticas determinadas alojó a las autoridades extra provinciales. Si bien se había constituido de hecho en sede del poder central, esta situación solo provocó conflictos permanentes entre Buenos Aires y el resto de las provincias.

El problema central de no contar con un distrito federal radicaba en que un gobierno sin jurisdicción propia no podía obtener rentas directas y debía someterse a subsidios provinciales, lo que implicaba una debilidad política y económica. Entonces, y hasta su resolución, las instituciones republicanas en formación funcionaron en capitales provisorias, alojándose en adaptaciones diversas de edificios originalmente destinados a otros usos, con mudanzas periódicas y en sitios inestables.

La segunda mitad del S. XIX abre un nuevo período para la historia argentina, donde la cuestión capital toma más fuerza. En 1850, Domingo F. Sarmiento desde su exilio en Chile, propuso crear Argirópolis, la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata. Argirópolis se ubicaría en la Isla Martín García, y sería según el autor, compartida por la Confederación Argentina, Paraguay y Uruguay.

 

Con las discrepancias entre la Confederación Argentina y Buenos Aires luego de la derrota de Juan Manuel de Rosas, Buenos Aires se separa del resto de las Provincias. La Constitución Argentina, sancionada en 1853, establecía en su artículo tercero, que el gobierno nacional residiría en Buenos Aires y que la ciudad se declararía capital de la Confederación Argentina. El artículo fue rechazado de inmediato por el gobierno provincial que no quería ceder parte de su territorio. Finalmente se enmendó dicho artículo y la solución al problema de la capital se postergó y se resolverá tres décadas más tarde.

Dentro de la provincia de Buenos Aires entraban en conflicto los partidarios de la integración de la provincia a la República Argentina, y los separatistas. También disentían quienes creían en la integración de Buenos Aires con el resto de las provincias sobre si debían o no ceder su territorio a la nación. Mientras tanto, las dificultades económicas aquejaban a la Confederación y el Estado de Buenos Aires que se mantenía separado, crecía económicamente, culturalmente y se modernizaba.

 

Mediante la firma del Pacto de San José de Flores en 1859, el estado de Buenos Aires se integró a la Confederación; y en 1860, la Convención de Buenos Aires se reunió para reformar la Constitución de 1853. Se anuló el artículo que establecía a Buenos Aires como capital y se propuso a San Fernando y San Nicolás de los Arroyos como posibles distritos federales. Se dispuso también que la residencia tomaría carácter permanente y que la región elegida para ello contaría con un plazo de 5 años para prepararse estructuralmente. Finalmente, ninguna de esas dos locaciones fue aceptada. Al no resolverse la cuestión capital, en 1862 se firmó la Ley de Compromiso por la cual se declaraba Buenos Aires capital provisoria, por un período de cinco años aclarando que los bienes públicos seguirían en manos de la provincia.

 

Frente a la incertidumbre respecto del lugar de la capital fija, no se construyeron edificios públicos por temor a invertir dinero en obras que habría que regalar a la nación. El único edificio de alcance nacional que se construyó con carácter permanente fue la Aduana de Buenos Aires.

 

En 1867 vencía el plazo de residencia provisorio. Las provincias insistían con la necesidad de declarar a Buenos Aires capital debido a la posibilidad de control de la renta de los puertos fluviales, ligados a Europa y la distribución de ingresos fiscales, y también la posibilidad que ahora ofrecía el ferrocarril. Las únicas provincias que se negaban eran Buenos Aires y Entre Ríos.

 

Los años siguientes se dispusieron distintas locaciones: Villa Fraile Muerto en la provincia de Córdoba, Córdoba, Rosario, Santa Fe, diferentes puntos a orillas del río Paraná –entre Rosario y San Fernando– o bien en “un punto cualquiera sobre el trayecto de un ferrocarril”. Ninguna alternativa prosperó. Buenos Aires mientras tanto, mantuvo el poder provincial y la residencia provisoria del gobierno nacional en su capital, en una coexistencia que ya se hacía insostenible.

 

Pero La potencia urbana que había adquirido Buenos Aires para fines de la década de 1870, se convertía en una fuerza cada vez más difícil de contrarrestar. El problema principal de la cuestión capital: la definición del sitio, se resolvió finalmente por la vía violenta.

 

Llegó a su punto final con una serie de batallas urbanas, libradas entre el territorio del municipio de la ciudad de Buenos Aires y su derredor, durante el mes de junio de 1880.19 La derrota del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor y el ascenso al poder central de Roca, precipitaron el acuerdo final. La solución consistió en la cesión a la nación del territorio de la ciudad de Buenos Aires, que fue declarado capital federal.

La provincia de Buenos Aires pierde así su ciudad capital y su principal centro urbano, financiero, cultural y corazón político; quedando subordinada al poder nacional y poniéndola en pie de igualdad con el resto de las provincias. Inmediatamente, iniciaría la construcción de una nueva capital para su jurisdicción, creando la ciudad de La Plata.

 

Al mismo tiempo, el gobierno nacional triunfante, emprendió las transformaciones necesarias para adecuar Buenos Aires a su nueva función. El ordenamiento de límites concluyó por triplicar la superficie final de la capital federal, que le dio su forma definitiva. Comienza entonces la construcción de los identitarios edificios púbicos que hoy luce la Ciudad en su casco histórico.

 

La Federalización de la ciudad de Buenos Aires puso fin al histórico problema, causa de tantas guerras civiles y completó la estructura como estado organizado de la que la República Argentina carecía. Con la subordinación de Buenos Aires y el control de los ingresos aduaneros, se aseguró la unión de los intereses de las clases económicas dominantes provinciales. Desde entonces, ninguna revolución constituyó una amenaza de desintegración interna, uno de los grandes problemas durante los primeros sesenta años de vida independiente.

 

 

Para ampliar información:

– SABATO, H. Buenos Aires en armas. La revolución de 1880. Buenos Aires, Siglo XXI, 2008

– SHMIDT, C. “Buenos Aires: una nueva capital para una nación moderna (1850-1888)”. Revista Electrónica de Fuentes y Archivos. (Año 2 número 2), 2011.

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