#RetornandoSucesos

20 de noviembre de 1845

Día de la Soberanía nacional

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

El 20 de noviembre de 1845 navega sobre el río Paraná una flota inglesa y francesa, conformada por la mejor tecnología militar por entonces conocida (parcialmente blindados, portadores de grandes piezas de artillería de hierro, cohetes Congreve , etc.) compuesta por 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes, 418 cañones y 880 hombres. Las potencias, impusieron su presencia en la región con el argumento de hacerlo por motivos humanitarios y para garantizar el libre comercio.

El Brigadier Juan Manuel de Rosas, quien ostentaba el poder de las relaciones exteriores de la Confederación como gobernador de Buenos Aires, decidió resistir a las presiones. En un recodo del Paraná donde el río se angosta, en la localidad de San Nicolás, colocó sus tropas compuestas por 6 barcos mercantes y 60 cañones. Por iniciativa del comandante de las fuerzas criollas, el Gral. Lucio Norberto Mansilla, se desplegaron a lo ancho del río tres gruesas cadenas sostenidas por lanchones que cerraron el paso al enemigo.

La desigualdad de fuerzas era evidente y este elemento desproporcional fue lo que le dio a la batalla de la Vuelta de Obligado su valor histórico.

Algunos representantes del Litoral y grupos unitarios opositores a Rosas, dejaron testimonio de su entusiasmo por la llegada de la flota anglo-francesa, mientras se impulsaba la creación de una república mesopotámica con la unión de Entre Ríos y Corrientes. Negocios libres de impuestos se vislumbraban en el horizonte si se lograba doblar la resistencia rosista a la “libre navegación” de los ríos Paraná y Uruguay.

La batalla duró casi siete horas, mientras los invasores intentaban continuar el paso, sufrieron bajas y devastadores daños en sus barcos de guerra y en los mercantes. Rosas sabía que los enemigos lograrían superar esa primera barrera y que era militarmente imposible detenerlos debido a su superioridad bélica y tecnológica. Paralelamente, la escuadra enemiga era ferozmente atacada desde las costas de Punta Quebracho, Ramallo, San Lorenzo y Tonelero por las fuerzas gauchas, indígenas, mulatas y de las mujeres (de las cuales podemos destacar a Josefa y María Ruiz Moreno, Rudecinda Porcel, Carolina Suárez, Francisca Nabarro, Faustina Pereira y Petrona Simonino)

La estrategia rosista propuso una resistencia estoica con la que no contaban las potencias, la victoria pírrica obtenida por las fuerzas invasoras finalmente demostró que el costo de hambre, enfermedades y muerte no se ajustaba a los beneficios económicos que pretendían obtener. Frente a esta situación era más conveniente reconocer la soberanía de la Confederación y propiciar nuevos negocios sobre la región a través de pactos.

En 1847 el retiro de tropas inglesas y el fin del conflicto se pacta con el Tratado Arana-Southern. Francia lo hará un año después, luego de la firma del Tratado Arana-Lepredour. Ambos tratados reconocían la navegación del río Paraná como una ruta interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental.

En su testamento, el Gral. José de San Martín, lega su sable corvo a Rosas como reconocimiento de la defensa de la integridad territorial: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

Para ampliar información:

– Ternavasio, M. Historia de la Argentina. 1806-1852. Buenos Aires. Siglo XXI Editores, 2015

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