#RetornandoSucesos

23 de octubre de 1859

LA BATALLA DE CEPEDA

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

La historiografía tradicional impuso sobre la memoria histórica de los argentinos el comienzo de la nación en 1810. La Escuela, como uno de los principales medios de transmisión de la cultura nos enseñó a gritar con orgullo un “viva la patria” cada 25 de mayo o 9 de julio. Lo cierto es que la nación argentina no fue un sentimiento mesiánico y ahogado por las cadenas impuestas por el imperio español, sino un concepto que irá construyéndose a lo largo del SXIX y tomará forma cuando se consoliden las economías capitalistas y los Estados necesiten definir un mercado nacional y, por consiguiente, un conjunto de valores de pertenencia para todos los habitantes del nuevo territorio.

1810 desata para las provincias del sur el comienzo de una crisis estructural, donde saldrán a la luz las fuertes diferencias regionales hasta entonces contenidas en una organización colonial que se desarma. Junto a estas diferencias, surgen divergencias políticas y económicas, intentos de centralismos y federalismos que caracterizarán el proceso emancipatorio y la construcción de los nuevos estados.

En el caso de la República Argentina, podemos hablar de “estado argentino” solo a partir de 1862, y ese Estado se verá consolidado hacia 1880 no antes.

Desde 1853, y luego de la victoria de las fuerzas de J. J Urquiza sobre J. M .de Rosas en la Batalla de Caseros (1852), Buenos Aires se separa de los demás estados provinciales congregados en una Confederación (de la que había participado desde 1835).

Pero Buenos Aires era dueña del principal puerto de la región, y con él, de los más altos ingresos aduaneros, los cuales no quería distribuir entre las demás provincias y aceptar su condición de igual. El centralismo porteño inclaudicable, llevó a rechazar la Constitución de 1853 y segregarse como Estado autónomo. Esto afectaba, entre otras cosas, la posibilidad de las provincias de comerciar sus productos con el extranjero.

Frente a la postura intransigente de Buenos Aires, en abril de 1859, el Congreso de los confederados ordenó a Urquiza a reincorporar “a través del diálogo o las armas” a la provincia rebelde.

El gobierno de Buenos Aires lo interpretó como una declaración de guerra y el 23 de octubre de 1859, en la Cañada de Cepeda (provincia de Santa Fe) vuelven a enfrentarse las fuerzas del Estado de Buenos Aires, lideradas por Bartolomé Mitre y las fuerzas de la Confederación Argentina, al mando de J.J. Urquiza.

Las fuerzas de Mitre serán derrotadas, y con la mediación del entonces ministro de Guerra del Paraguay, Francisco Solano López, ambas partes firman el “Pacto de San José de Flores”.

Buenos Aires se declara parte de la Confederación Argentina y se compromete a aceptar la Constitución de 1853, pero antes de jurarla, exige incluir algunas reformas. En 1860 se ratifican las reformas propuestas por Buenos Aires, pero nuevas diferencias saldrán a la luz durante estas tratativas y en septiembre de 1861, vuelven a enfrentarse las partes involucradas, pero esta vez con la victoria de Buenos Aires, en la Batalla de Pavón, que profundiza el proceso de organización de la República Argentina. En 1862 será elegido Bartolomé Mitre como el primer presidente de la República Argentina unificada, que por entonces no incluía la región del Gran Chaco ni la Patagonia, en manos de sus originarios habitantes. A partir de allí comienza el proceso de unificación de la “nación” a través de distintos proyectos triunfantes que tendrán entre sus objetivos extender las fronteras sobre territorio indígena, importar un nuevo tipo de sociedad, imponer un sentido de “patria” interpretado por la élite dirigente y en consecuencia con sus intereses, reorganizar la economía hacia un capitalismo dependiente de las potencias centrales.

Para ampliar información:

– Gelman, J. (dir), Fradkin, R. y Garavaglia, J. C. (coord.) La construcción Nacional. América Latina en la Historia Contemporánea. Tomo 2 (1830/1880), Fundación Mapfre, Editorial Santillana, Lima, 2011.

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