#RetornandoSucesos

EL 17 DE OCTUBRE DE 1945

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

Distintas versiones y corrientes historiográficas han analizado los acontecimientos del 17 de octubre de 1945. Todas atravesadas por lineamientos políticos e ideológicos que hacen difícil entender desde esas ópticas el verdadero sentido de la fecha.
Perspectivas cargadas de prejuicios que veían en la multitud obrera un “aluvión zoológico”, y otras impregnadas de un fanatismo político que coloca al obrero en un lugar secundario dándole protagonismo exclusivo a la figura de J. D. Perón.

Se trató de una movilización de masas impulsada desde abajo, gracias a la labor de agitación y propaganda de las filas sindicales, también alentada por la burocracia estatal y algunos cuadros policiales.

Un punto de inflexión en la historia argentina que redefinió las posibilidades políticas existentes. La presencia de las masas provocó algo inédito y no previsto por los opositores a J.D. Perón: el nacimiento de un nuevo proyecto político en sintonía con los frentes populares de la época; una coalición que unió sectores de la burocracia estatal-militar, empresarios, industriales, elementos de distintos partidos y gran parte del movimiento obrero que le dio su apoyo.

La relevancia del 17 de octubre no es la liberación de J.D. Perón o el surgimiento de un partido que dominará la escena política argentina hasta la actualidad, sino la introducción de los trabajadores como demandantes, protagonistas y sujetos colectivos que toman conciencia de su derecho a hablar y a ser oídos.

La clase obrera argentina se había organizado muy tempranamente en relación con el resto de América Latina, y el crecimiento industrial de los años ´20 y ´30 los transformó en una fuerza con gran peso social (como lo demuestra la organización y relevancia de la gran huelga de la construcción de 1935-36). Cuando J.D. Perón asume la Secretaría de Trabajo y Previsión durante la dictadura militar inaugurada en 1943, entiende inmediatamente la necesidad de un equilibrio de fuerzas, la importancia de responder a los reclamos sociales del sector y a la presencia pronto incontenible del movimiento obrero. De acuerdo con sus lineamientos ideológicos, era menester suprimir la lucha de clases, tal como expone en su discurso del 1º de mayo de 1944: “Buscamos suprimir la lucha de clases… hemos defendido la unidad y compenetración de propósitos entre patrones, obreros y Estado, como el único medio para combatir a los verdaderos enemigos sociales, representados por la falsa política, las ideologías extrañas seas cuales fueren… y las fuerzas ocultas de perturbación del campo político internacional”.

Comenzó así a regular las relaciones capital-trabajo, las negociaciones colectivas bajo tutela estatal y la promoción de la sindicalización.

En abril de 1945 presentaba un proyecto para implementar el salario mínimo, vital y móvil y aumento del salario. Inmediatamente las entidades patronales presentaron su rechazo el proyecto.

La oposición a J.D. Perón (junto con el embajador norteamericano Braden) comenzó una campaña contra el gobierno. Acorralado y dispuesto a conciliar con la oposición, el gobierno exige la renuncia de J.D. Perón y lo encarcela.

Frente a esto, la CGT decreta una huelga general para el 18 de octubre, pero finalmente se produjo un día antes. Por presión de las masas trabajadoras, J.D. Perón será liberado. No es “Juan Domingo Perón”, la figura sacra en la que luego es convertido, por quién estaban allí los miles de obreros. Eran las conquistas sociales que a través de su función en la Secretaría de Trabajo habían sido legisladas lo que se defendía. La política que tenía en cuenta al obrero estaba siendo coaccionada por las fuerzas tradicionales que lo venían excluyendo. Eso ya no podía permitirse, y la presencia de J.D. Perón resumía estos intereses.

Los años peronistas serán recordados como la época de las conquistas sociales y esta experiencia perdurará en la memoria de la clase obrera. La crítica que puede encontrarse es el vínculo que se gesta entre las organizaciones sindicales y el Estado, que se funda en una idea de colaboración de clases y que termina colocando en segundo lugar a las bases obreras priorizando a las reducidas filas de la burocracia estatal.

Para el peronismo significará “el día de la lealtad”, el día de la unión del movimiento. Hoy, en vista de los distintos gobiernos de carácter peronista que a nivel nacional y provincial se han sucedido, es difícil comprender externamente qué significa esa lealtad. Lealtad que es festejada por los grandes burócratas sindicalistas cuyo lugar en la economía actual los aleja de cualquier necesidad y/o interés de la base obrera; lealtad abrazada por ex presidentes, hoy senadores que con el más cruel neoliberalismo quebraron todas las premisas enarboladas en el primer peronismo. Lealtad que hoy se vuelve confusa.

Pero más allá de cualquier lectura que podamos hacer de los años posteriores a J.D. Perón, es innegable que aquel 17 de octubre marcó un antes y un después en la historia argentina, a partir del cual ya no podrá dejarse de lado al principal motor de cualquier economía: la clase trabajadora.

“Mucho tiempo después, Joseph Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo conto: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, y el muy ateo, muy tozudo, no entendía razones.
– Pero papá -le dijo Joseph, llorando-. Si dios no existe ¿quién hizo el mundo?
– Tonto -dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto- Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles”.

(Texto extraído de “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano)

Para ampliar información:

– Torres, J. C. El 17 de octubre de 1945. Buenos Aires. Editorial Ariel, 1995.
Los años peronistas: 1943-1955. en Colección Nueva Historia Argentina, tomo VIII. Buenos Aires. Editorial Sudamericana, 2002.

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