#RetornandoSucesos

EVA PERÓN

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

 

El 26 de julio de 1952, a través de la cadena oficial de Radio y Televisión, se comunicaba que, a las 20:25 hs., fallecía la primera dama, la Señora Eva Perón, quien sería velada en el Ministerio de Trabajo y Previsión[1]. Miles y miles de personas se conglomeraron para despedir sus restos, otros, aplaudieron en silencio (los mismos que supieron pintar en las paredes las leyendas de “Viva el cáncer[2]).

Con 33 años de vida y 7 años de existencia pública, “Evita” se transformó en mito, y su imagen fue tratada y mal tratada desde distintas perspectivas. Ya sea elogiándola o denostándola, Eva es un presente y un pasado innegable en nuestra historia.

Nació en Los Toldos, Provincia de Buenos Aires en 1919, hija “natural” de un estanciero y político conservador venido a menos. En 1926, muere su padre y la familia se traslada a Junín, donde vive su adolescencia y encuentra su vocación de actriz. Con 15 años se marcha a Buenos Aires, y su partida será acompañada por un sinfín de versiones. Sobre su infancia se han escrito muchas biografías que relatan el desprecio sufrido por parte de la familia “legítima” de su padre, aunque su hermana Erminda lo desmiente. Aun así, el mito que la acompaña prefiere describir humillaciones y desprecios durante su infancia.

Sus primeros años serán como los de muchos actores y actrices, años de sinsabor, papeles breves, mal pagos e inestabilidad laboral. Recorrió distintas compañías teatrales, se desempeñó como actriz secundaria en cine, televisión y radioteatro, también participó en el ámbito publicitario y medios gráficos.

Durante la Dictadura del Gral. Ramírez, en enero de 1944, un terremoto en la ciudad de San Juan provoca la muerte de 7000 personas y deja alrededor de 12000 heridos. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión del gobierno de facto, el coronel Perón, organiza una movilización nacional en la que participan algunos artistas, Eva Duarte entre ellos. Y en el gran festival a beneficio de las víctimas del terremoto, organizado en el Luna Park, Eva y el entonces coronel Perón se conocen.

En julio del mismo año, Perón es designado vicepresidente del gobierno dictatorial, ahora presidido por Farrell luego de la renuncia de Ramírez y continúa bajo su autoridad la Secretaría de Trabajo. Así, se convierte en pieza clave y necesaria del gobierno de facto, pero a la vez, aumenta su oposición en ciertos sectores del poder que logran imponer la renuncia del coronel y su encarcelamiento el 13 de octubre de 1945, lo que provocará el miedo a la desaparición de su política laboral e impulsará a miles de personas a Plaza de mayo el 17 de octubre. Distintas versiones explicarán el papel de Evita en los acontecimientos de octubre: algunos la ubicarán junto a los trabajadores en la Plaza, otros organizando el movimiento, o simplemente ausente o ajena a la situación. Otra vez, el mito, y la versión polarizada de sus detractores y defensores.

Más allá de cualquier lectura, el 17 de octubre se abre una nueva etapa caracterizada por la relación entre Perón y la clase obrera. En diciembre, comienza la gira por el interior del país para la candidatura de Perón. En “El Descamisado”, el tren de la campaña, Eva acompaña a Perón como su esposa, siendo la primera vez que un candidato es acompañado por su cónyuge. Eva así, entra de lleno en la política.

En las elecciones convocadas para 1946, que daría una salida democrática al gobierno militar, triunfa la fórmula Perón-Quijano. Eva redefinió el rol de la esposa del presidente, no sólo se había convertido en la Primera Dama, sino que, además, era la esposa de un líder, esta doble característica, exigía en ella, una doble función: se convertía en Eva Perón y Evita.

A diferencia de otras “primeras damas” (antes y después) Eva se involucra en la política, e instalada en una oficina del palacio de Correos y Telecomunicaciones atiende a las delegaciones obreras e intercede ante Perón. Centra su trabajo en la asistencia de ancianos, niños y mujeres. A través de su Fundación, construyó hogares de ancianos, centros de esparcimiento y de salud para niños y jóvenes, escuelas primarias, jardines de infantes y comedores escolares; se organizaron campeonatos infantiles y juveniles; se crearon hogares de tránsito para mujeres y niños. Su Fundación entregaba elementos de primera necesidad y juguetes a familias en condición de vulnerabilidad, etc. Los fondos de la Fundación provenían de donaciones de los sindicatos, particulares y empresas, impuestos, casinos y loterías, y según algunas acusaciones posteriores a 1955, también de donaciones forzosas siendo la resistencia a ellas motivo de persecuciones, pero muchos historiadores coinciden en que, si bien existió el carácter forzoso de algunas contribuciones, no fueron cantidades apreciables y no significó el origen principal de los fondos de la Fundación Eva Perón[3]. Desde septiembre, ocupará el despacho de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Con el correr de los años su actividad se tornaría cada vez más intensa.

No fue a la historia de género su mayor aporte, sino a la historia social y política argentina. Si bien el imaginario colectivo adjudica la noción de “voto femenino” a la figura de Eva Perón, no es allí donde ejerció su verdadera influencia. Cabe aclarar que su participación en la construcción de la ciudadanía femenina comienza en el año `46 no antes, y reducir la lucha histórica de las mujeres por sus derechos a los años peronistas, es ignorar la historia de género. Luego de esta aclaración, es importante reconocer los logros de Eva por su condición de mujer y líder, más allá de las críticas reales que pueden hacerse desde el feminismo al movimiento femenino peronista, que limitaba a la mujer a su condición ”natural” de “esposa y madre”, es innegable la participación activa de Eva en la campaña que dio origen a la Ley 13010, y seguramente su presencia colaboró con el cumplimiento de lo acordado en Chapultepec en 1945, donde los países americanos acordaron ampliar el sufragio a las mujeres[4]. El proyecto fue abrazado por el oficialismo y las mujeres entran en la política. Las mujeres peronistas encuentran en Eva su referente. Entre otras políticas en relación al género, la Reforma constitucional del `49 incluirá la igualdad jurídica entre hombre y mujeres dentro del matrimonio y la patria potestad (artículos abolidos luego del ´55).

Creó el Partido Peronista Femenino, desde donde organizó a las mujeres para las elecciones del `51.

El “Cabildo abierto del justicialismo” de agosto del ´51, clamaba por Evita candidata a la vicepresidencia: “Perón-Eva Perón: la fórmula de la Patria”. Días después, Evita anunciaba su decisión de renunciar a la candidatura. Frente a su renunciamiento, otra vez, se esgrimieron muchas hipótesis: la presión de las FFAA, el descontento de un sector de la CGT, la envidia de Perón, su enfermedad, etc.

El 11 de noviembre de 1951, votaron 7.593.948 personas, de las cuales 3.816.654 eran mujeres, el 63,9% de ellas lo hizo por el Partido Peronista que además contaba con candidatas mujeres en sus listas. En 1952, 23 diputadas y 6 senadoras ocuparon sus bancas.

Diagnosticada de cáncer cervical (de cuello de útero) fallece a los 33 años. El Gobierno Nacional decreta los máximos honores con un duelo de 30 días. El 9 de agosto, su cuerpo fue trasladado al Congreso de la Nación para recibir los honores oficiales, y su féretro fue acompañado por más de 2 millones de personas. Su velatorio se prolongó por 9 días. Su cuerpo fue embalsamado y expuesto en el primer piso del edificio de la CGT. Luego del golpe que destituirá al presidente Perón, el cuerpo de Evita fue secuestrado y desaparecido hasta el “Operativo Retorno”, de 1971. Desde 1976, se encuentra en el Cementerio de la Recoleta.

Para muchos Santa Evita, para otros la prostituta del General. Pero haciendo un esfuerzo por alejar ambas fantasías, encontramos a Eva Duarte, una mujer líder, que supo caminar al lado de su compañero y no detrás. Lo cierto es que, en sólo 7 años de existencia pública, ocupó un lugar jerárquico en el panteón de la memoria histórica. Criticada desde la oposición, incluso desde el mismo peronismo, pesa sobre su obra su condición de mujer, que, a la vez, la convierte en algo más grande.

Eva dijo que el mundo estaba hecho a la medida de los hombres[5], y si bien el mundo ha cambiado bastante en estos 66 años, lo cierto que sigue siendo a su medida. Esa medida hace que sobre la figura de Eva Perón aún pesen apelativos discriminatorios e innecesarios para describir la labor de una mujer que supo ganarse un lugar principal en la política y en la memoria argentina.

 

Para ampliar la información:

– Duarte, E. Mi hermana Evita. Buenos Aires, Centro de Estudios Eva Perón, 1972

– Navarro, M. Evita. Buenos Aires, Planeta, 1994.

[1] Comunicado oficial: http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/30279

[2] En Eduardo Galeano, Memoria del Fuego, Tomo III, México, Siglo XXI, 1990

[3] Navarro, M. “Evita”. Buenos Aires, Planeta, 1994, Pág. 263

[4] Sobre el voto femenino:  Uruguay fue el primer país latinoamericano donde se legisló sobre el sufragio femenino en 1927, Paraguay el último, en 1961.

[5] En “La Razón de mi Vida”, pp. 223-224: http://blogs.ubc.ca/span221/files/2018/03/evita_obreros.pdf

 

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