#RetornandoSucesos

LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES

Por María Cecilia Demartín

ma.ceciliademartin@gmail.com

El 12 de agosto de 1806, el jefe del fuerte de la ensenada de Barragán, Santiago de Liniers, avanzó junto con los milicianos por las actuales calles San Martín y Reconquista , haciendo retroceder a los ingleses que habían ocupado Buenos Aires casi dos meses atrás. Días después, el capitán inglés, se rinde y entrega sus armas. En conmemoración de tal episodio, la historia argentina recuerda dicho acontecimiento como “la Reconquista de Buenos Aires”.

La historia tradicional nos enseñó que la heroica resistencia fue unánime y que tuvo un carácter de rebelión popular contra el despiadado invasor inglés.
Lo cierto es que no fue tan unánime la resistencia y que detrás de esas milicias populares que frenaron el avance de la primera invasión, dirigían la defensa los miembros de la élite y la financiaba un sector de comerciantes con fuertes intereses en el mercado monopolista español que se veían perjudicados por la presencia comercial inglesa.

Dada la escasez de tropa regular en las colonias americanas y la imposibilidad de enviar refuerzos desde la Península, durante el S. XVIII se crea un sistema de milicias formado por la población sin instrucción militar, en el cual debían prestar servicios todos los hombres entre los 16 y 45 años. Su instrucción y el disciplinamiento estarían a cargo del personal veterano (militares de carrera de origen peninsular). Fueron creados varios cuerpos de milicias que agrupaban a españoles (peninsulares y americanos) y también a las castas (negros, indios y pardos). A través de un plan de reformas administrativas llevadas a cabo por la dinastía borbónica, con el fin de hacer más efectivo el control, la administración y la vigilancia de la región, se crea en 1776 el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires.

Pese a los intentos para mejorar el control regional, las invasiones inglesas de 1806 y 1807 dejaron al desnudo la imposibilidad de España para defender sus dominios americanos. Desde hacía un siglo, España e Inglaterra se enfrentaban en continuos conflictos armados. Y en 1805, la metrópoli (aliada de Francia) perdió casi toda su flota en Trafalgar, y frente a la incapacidad de abastecer a sus colonias, debió autorizar la compra y venta de productos a otras potencias y/o colonias extranjeras.

Gran Bretaña comprende la importancia geopolítica y comercial de Buenos Aires, mercado muy atractivo para volcar ese excedente que la revolución industrial producía y no pasa por alto su vulnerabilidad militar. Además, existía cierta especulación de que encontrarían allí un espíritu de adhesión a su presencia.

A las 11 de la mañana del 25 de junio de 1806, una expedición británica de 1600 soldados dirigida por el comandante escocés Home Riggs Popham y el brigadier general William Carr Beresford, desembarca en Quilmes y a las pocas horas ocupan la ciudad frente a la incapacidad de las tropas regulares. Las autoridades civiles y eclesiásticas de Buenos Aires, junto con algunos vecinos principales y comerciantes destacados, juraron fidelidad a la nueva soberanía británica. Los oficiales ingleses se relacionaron con las principales familias porteñas, quienes les ofrecieron alojamiento y organizaron tertulias y fiestas en su honor.

El Virrey Sobremonte intentó retirarse a Córdoba con el propósito de organizar desde allí la resistencia y proteger la Caja Real, pero debió entregar el tesoro a los capitanes invasores por pedido del Cabildo de Buenos Aires.

Mientras tanto, el nuevo Gobernador (el capitán Beresford) garantizaba al Cabildo, magistrados, vecinos y habitantes, sus derechos y privilegios, también la protección de la religión católica.

Beresford reclama a Inglaterra el envío de refuerzos, los cuales no llegan. Los intercambios amables y pacíficos se rompieron cuando el gobernador decreta el libre comercio y reduce los derechos de aduana para los productos británicos, afectando así el negocio de los contrabandistas y de los grandes mercaderes monopolistas españoles y criollos, e incauta los barcos mercantes pertenecientes a importantes familias comerciantes porteñas. Aquellos con fuertes intereses en el gran mercado monopólico con España, como Martín de Álzaga, alcalde de Buenos Aires (uno de los posteriores héroes de la reconquista) se veían perjudicado por el libre cambio y deciden financiar cualquier acción contra los invasores. Junto a la capacidad económica para llevar a cabo la resistencia, se contó con la habilidad militar del jefe del fuerte de la ensenada de Barragán, el marino francés al servicio de la Corona de España, Santiago de Liniers.

Es importante destacar que, si bien la organización y dirigencia de las milicias correspondió a las élites urbanas porteñas, el componente social que las formaba era fuertemente popular. La Reconquista de Buenos Aires se organizó con tropas que Liniers trajo desde Montevideo, pero también con la participación de las milicias mal pertrechadas de los Húsares, creada por Pueyrredón.

Con la llegada de las tropas de Montevideo, las milicias locales dirigidas por Liniers derrotan a los ingleses, quienes declaran la rendición.

Luego de esta primera victoria, las milicias serán reorganizadas y se crearán nuevos cuerpos de carácter permanente y semiprofesional. Su organización interna será un hecho excepcional en América: se discute horizontalmente las decisiones que el Regimiento debe acatar y ellos mismos eligen a sus propios jefes. Aunque la oficialidad será reducida a los miembros de la élite, se destacarán personajes que competirán con los tradicionales detentores del poder.

La primera invasión dejó como legado dos elementos importantes a destacar. En primer lugar, una crisis de autoridad sin precedentes cuando se exigió la destitución del Virrey Sobremonte por haber intentado replegarse a Córdoba. Un Cabildo Abierto le quitó al Virrey el mando militar de la ciudad que fue otorgado a Liniers y el mando político, adjudicado a la Audiencia. Si bien no quedaba destituido el Virrey como muchos esperaban, esta decisión dejaba muy desprestigiada la autoridad virreinal. En segundo lugar, quedó en evidencia la incapacidad de la metrópoli por defender la región, lo que llevó a reorganizar las milicias, quienes, junto con los vecinos de Buenos Aires, serán los protagonistas del segundo intento inglés por ocupar la región en 1807. La segunda invasión también concluirá con la rendición inglesa, con la destitución definitiva del Virrey Sobremonte y su reemplazo por Liniers.

Las milicias urbanas se convirtieron en un factor de poder al que las autoridades debieron recurrir para arbitrar en los conflictos. Su misma organización trastocó las bases sociales sobre las cuales se organizaba el orden colonial. Se generalizó la militarización de la sociedad que resquebrajó el orden vigente permitiendo el ingreso de nuevos actores sociales.

A pesar de la crisis institucional y de la evidente incapacidad de la Corona por proteger la región, no se cuestionó la lealtad monárquica.

Luego del retiro de las tropas británicas, muchos ingleses se quedaron y algunos contrajeron matrimonio con las señoritas de las altas clases criollas. Finalmente, Gran Bretaña no necesitó colonizar institucionalmente estas regiones para beneficiarse. El proceso emancipatorio americano y la posterior construcción de los Estados Nacionales le abrió la puerta al capital inglés, a través de empréstitos e inversiones, generando un sistema de dependencia y un vínculo neocolonial que no necesitará de ninguna dominación directa.

Bibliografía consultada:

– Halperin Donghi, T. Revolución y Guerra. La Formación de una clase dirigente criolla. Buenos Aires. Siglo XXI Editores, 2014.
-Ternavasio, M. Historia de la Argentina. 1806-1852. Buenos Aires. Siglo XXI Editores, 2015. Capítulo I.

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