La Profundidad de los interrogantes

Hace unos días se público en Página 12 una entrevista al vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera de la cual se pueden extraer unos conceptos más que interesantes. En estas líneas, trataremos de agregar preguntas a la claridad vertida por tan prestigioso intelectual.

Formulamos una aclaración previa: pretendemos utilizar estas ideas para generar interrogantes, no para establecer verdades reveladas sobre los mismos ya que no las tenemos.

Ante una preguntas sobre las denominadas “fake news”, entre otros conceptos, aclaramos que solo tomamos la parte que nos interesa, manifestó que “…Lo que es interpelado con las redes es un conjunto de componentes del sentido común neoliberal: el miedo, el individualismo, la competencia, el gregarismo, el racismo y la salvación externa. Este sentido común popular está latente desde hace mucho tiempo y el momento progresista no lo pudo anular, simplemente los fracturó temporalmente.”.

Observemos como define con claridad las características típicas del neoliberalismo en su faceta social.

Es decir, qué clases de sujetos tiende a conformar el sistema neoliberal. En ocasiones parece prestarse demasiada atención a los aspectos económicos de esta variante política, incluso la discusión se centra en si gobiernos actuales revisten esa condición o en realidad son de otra índole. Pareciera que pasamos por alto que las consecuencias más pesadas de estos sistemas políticos son de índole socio-cultural.

Las medidas económicas pueden, sin menospreciar sus consecuencias, darse vuelta por un gobierno de otro signo. Pero las consecuencias de índole socio-cultural se perpetuán en el tiempo y, lo que parece ser peor, en el imaginario colectivo.

Ese imaginario socio-cultural con el que el neoliberalismo impregna el sentido social colectivo presenta ciertas características: la incapacidad de representarse la presencia de otros sujetos en el ámbito social, la incapacidad de sentir empatía por los demás sujetos que nos rodean, la falsa creencia de que los logros son puramente merito de la capacidad individual e infinidad de conceptos (entre los que se encuentran los mencionados por García Linera) que terminan generando, entre otras, dos consecuencias que vemos en la actualidad.

Por un lado, la asunción de gobiernos basados en conceptos vagos, carentes de contenido, que exaltan esa individualidad egoísta haciéndole creer al sujeto que en todo se encuentra uno mismo, tales como “emprendedor”, “igualdad de oportunidades”, meritocracia, etc. Por otro lado, la generación de una conciencia neoliberal que gobiernos de signo contrario no han conseguido penetrar a los fines de borrarla de los sujetos, como resalta el mismo vicepresidente del país vecino. Y que en muchos casos ha generado el ataque de parte de esos mismo gobiernos ante su propio incapacidad de derrotar la penetración neoliberal en el inconsciente colectivo.

Pareciera que la cuestión para cualquier modelo nacional y popular, que pretenda tener consistencia en el tiempo, radica en debilitar esos “sentidos” neoliberales tan presentes en la conciencia social de la época. ¿Esa incapacidad de debilitamiento de dichos “sentidos” no será parte de las causas de la llegada de la nueva ola neoliberal que sacude Latinoamérica?

Pasemos a la segunda cuestión que queremos resaltar. Frente a la pregunta acerca de qué deberían hacer los movimientos nacionales ante la situación planteada el intelectual boliviano expuso que “…En principio las fuerzas progresistas tienen que crear la capacidad de remontar el ruido y volver a redefinir un camino más o menos claro y preciso de cómo superar este conjunto de adversidades que ahora agobia a la gente… Porque la izquierda llega al gobierno con un discurso movilizador agrupando a los agraviados, planteando una reivindicación, pero cuando fruto de sus acciones hay una parte que asciende socialmente, el discurso del desagravio ya no funciona. Y ahí es cuando tienen que complejizar el discurso. Y la otra cuestión clave es que las políticas de movilidad social de los sectores populares tienen que tener una sostenibilidad en el tiempo porque cuando no lo son, los sectores sociales que ascendieron fácilmente pueden adoptar el punto de vista de los sectores más conservadores que desde un inicio se opusieron a estas políticas de movilidad social. Y entonces se da la paradoja que gobiernos progresistas pierden por la votación de personas que habían logrado ascender socialmente gracias a la política económica de los gobiernos progresistas…”.

Esto nos dispara distintos interrogantes, vinculados con ese imaginario social neoliberal que mencionáramos al aludir primer razonamiento de Garcia Linera.

Comencemos por referir al proyecto que los movimientos nacionales y populares tienen para ofrecer a su potencial electorado. ¿Son suficientes los modelos volcados al fomento del consumo sin considerar, en paralelo, la indispensable necesidad de generar las condiciones para un desarrollo sostenido de los sectores industriales/productivos del país? ¿La incorporación de amplios sectores al consumo allá por la década del 40 posibilitó el reconocimiento de múltiples derechos a clases postergadas por los sectores dominantes pero en la etapa histórica actual un modelo con un eje preponderante en el consumo, sin variantes socioeconómicas que exceden de ese mismo incentivo, no potencia las características socio-culturales que viene imponiendo desde los noventa el neoliberalismo?

¿Están los movimientos populares en condiciones de generar un nuevo discurso movilizador superador de ese “discurso del agravio” del que habla Garcia Linera? ¿La forma de superarlo es pretender que los beneficiarios no generen nuevas reivindicaciones una vez satisfechas las originarias y básicas?

En nuestro país hemos visto como ese “discurso del desagravio” al que se refiere Garcia Linera dejo de operar en la realidad. Ante ello, en lugar de buscarse un discurso superador, se cargaron las tintas sobre los sectores inicialmente favorecidos por ese “discurso del desagravio” esperando que carecieran de nuevas aspiraciones.

¿La tan mentada batalla cultural, entendida como política destinada a desterrar este ideario neoliberal, no requerida ser encarada desde un principio conjuntamente con ese apalancamiento del consumo a los fines de reactivar la economía? No renegamos de la indispensable necesidad de poner, en un principio, el eje en generar las condiciones para expandir el consumo y reactivar la economía. Pero esta etapa debe tener un momento de conclusión claro para pasar a un modelo de desarrollo industrial y exportador de valor agregado, buscando resolver dos problemas severos de la economía nacional: la pobreza estructural y la falta de generación de dólares genuinos.

¿Será que esos sectores beneficiados votan a sectores conservadores por qué no solo buscan “mantener” esos nuevos derechos de los que son acreedores, pero que anteriormente les eran desconocidos, y al mismo tiempo buscan alguien que cobije sus nuevas aspiraciones ya que quienes les reconocieron esos derechos los cuestionan ante esas aspiraciones recientes? ¿Sera que recurren a quien les ofrece, aun sin sustento, aspiraciones nuevas? ¿Será que entienden posible que votando a quienes siempre se los denegaron estos los protegerán por reconocerlos como parte de la nueva clase social a la que ascendieron cuando en realidad esos poderosos tienen la firme creencia de que no son acreedores a esos derechos/beneficios?

Estas cuestiones, y muchos otros interrogantes aun latentes, son los que deben resolver los movimientos nacionales, antes que la discusión de nombres y/o internas, a los efectos de ofrecer a la ciudadanía una alternativa válida ante la derecha básica que actualmente impera buena parte de nuestra Latinoamerica.

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