La columna de Diletancio III

Columna de Pensamiento: Filosofía, Literatura y Alrededores, por el Prof. Diletancio Rodríguez.

Advertencias, petición de principios, aclaraciones preliminares varias para el correcto aprovechamiento de la Columna.

 

  1. Ricardo III

William Shakespeare

Acto primero
Escena primera

(Londres. Una calle)

Entra Gloucester

Gloucester: Ahora el invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York; y todas las nubes que se encapotaban sobre nuestra casa están sepultadas en el hondo seno del océano. Ahora nuestras frentes están ceñidas por guirnaldas victoriosas; nuestras melladas armas, colgadas e trofeos; nuestras amenazadoras llamadas al arma se han cambiado en alegres reuniones, nuestras temibles músicas de marcha, en danzas deliciosas. La guerra de hosco ceño ha alisado su arrugada frente; y ahora, en vez de cabalgar corceles armados para amedrentar las almas de los miedosos adversarios, hace ágiles cabriolas en el cuarto de una dama a la lasciva invitación de un laúd. Pero yo, que no estoy formado de bromas juguetonas, ni hecho para cortejar a un amoroso espejo; yo, que estoy toscamente acuñado, y carezco de la majestad del amor para pavonearme ante una lasciva ninfa contoneante; yo, que estoy privado de la hermosa proporción, despojado con trampas de la buena presencia por la Naturaleza alevosa; deforme inacabado, enviado antes de tiempo a este mundo que alienta; escasamente hecho a medias, y aun eso, tan tullido y desfigurado que los perros me ladran cuando me paro ante ellos; yo, entonces, en este tiempo de paz, débil y aflautado, no tengo placer con que matar el tiempo, si no es observar mi sombra al sol y entonar variaciones sobre mi propia deformidad. Y por tanto, puesto que no puedo mostrarme amador, para entretenerme en estos días bien hablados, estoy decidido a mostrarme un canalla, y a odiar los ociosos placeres de estos días. He tendido conspiraciones…

Así me pone el invierno…bueno, no tanto. Explico por qué baja mi producción y como mi natural rechazo al hacer encuentra legitimación en el solsticio del letargo. Mi madre se refería a mí como su “cigarra colorada”, por lo de la hibernación y mi inexplicable “comunismo”, que así era el “peronismo” en sus ojos. Si en el medio sale el Sol puede que como ahora, escriba algo.

    12. Podría suceder que Ud. no entienda lo que lee en esta columna, que le complique, que lo distraiga de las innumerables pavadas que pueblan su vida: que las relaciones parentales, que el amor y el desamor, que el trabajo o el no trabajo, la salú, sus afanes futuristas, sus lamentos pasados…No lea más, déjelo ya. El compañero Borges solía decir que un libro que no lo atrape en la primera frase hay que dejarlo. Peor es llegar a la página trescientos cincuenta de cuatrocientas y abandonar. Ud. sabrá la trama, los personajes, los escenarios, de qué trata, cómo viene siendo, pero no sabrá el final, patético. En cambio si Ud. lee, se la complica, nada de lo que lo cerraba y definía quedará seguro, todos los personajes estarán bajo sospecha, empezando por Ud. mismo. Pero la aventura de entender tiene una inmejorable ventaja: no importará el final, no es poco.

    13. Puede que Ud. no quiera leer, que ya lo sabe, que ya leyó todo, que las repetidas vueltas de tuerca para decir por enésima vez lo que ha sido dicho hasta el hartazgo, lo agotaron. Que reconoce rápidamente en las caprichosas combinaciones de las letras lo que ya está en la biblioteca, en miles de tiempos, en miles de idiomas. Una vez a Unamuno le ofrecieron revisar los poemas de un joven con la introducción “-Véalo Maestro, está lleno de novedades…” y la respuesta fue: “Para novedades los clásicos”. Entonces Ud. ya no quiere que le digan lo que ya pensó por sí mismo o que bien podría haberlo hecho de habérselo propuesto, Ud. es de los míos, Ud. no quiere leer nada, Ud quiere escribir…Algo de esta columna le puede servir, no sentirse solo por ejemplo.

    14. El marco espiritual de mis reflexiones son las de un agnóstico creyente. Descreo básicamente de lo que Machado llama “…esa segunda inocencia que da en no creer en nada”. Creo en planos superiores de existencia, estados más altos de conciencia que la de lo/as monito/as adolescentes de la Tierra, el planeta que debiera llamarse Agua. Vemos con facilidad los planos “inferiores” a nuestra conciencia pero nos ponemos chusco/as a la hora de mirar hacia arriba. Nuestras mascotas creen en nosotros/as como superiores, lo certifican diariamente, es tan difícil? Así de necio/as, así de soberbio/as, así de gracioso/as.

    14.1. Los corolarios del punto son riquísimos para la diletancia. Voy a desarrollar uno para ilustrar el tono ilimitado y exhuberante de la columna que se intenta: Los Platos Voladores.

    14.2. Quienes nos formamos en la cultura trekie sabemos que existen. Por lo que no abundaré en el caso por obvio. Pero sí voy a hacer una disgresión sobre el imaginario ficcional con que tratamos el tema. Una es la versión “flower power” de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo y en el otro extremo la pavorosa Invasión de los Mundos con su desideratum imperial Guerra de la Independencia. Ni tan tan, ni muy muy. Pero sí descartada por imposible la existencia de inteligencias salvajes en el universo. Ninguna especie de conciencia depredadora sale de los arrabales de su sistema de vida sin haber evolucionado en otra cosa. No es posible, sus naturalezas autodestructivas se lo impiden.

    14.3. La línea editorial de la columna cree ( los agnósticos creyentes estamos compelidos a ello, en algo tenemos que creer para defensa de la fe agnóstica) que nuestra relación con planos superiores de existencia es la de 2001 Odisea del Espacio. O de opciones más recientes como La Llegada o la formidable hipótesis de Interestellar. Que es ahí donde debemos buscar inspiración para estas cosas.

15, 16, y 17. De forma.

    18. Advertencias. Cuando fui invitado a integrar el plantel del Retorno de Los Sofistas me enamoró por despertadora la ocurrencia de Sergio Satta que remite a otros eternos retornos y en mi caso sacudió al adolescente lector del cásico El retorno de los Brujos de Pauwels-Bergier. Un espacio para la oportunidad del pataleo contra “el pensamiento fácil”. Un amucharse en la conformidad de la inconformidad con otras y otros pares, escribas y lectores. Finalizo estas “Avertencias…” desenmascarando el discurso del nombre que nos enamora: no es cierto, no hay tal “Retorno de los Sofistas”, nunca se fueron.

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