Fumata Rosada

Cuando quien escribe estas líneas pensaba cual sería el tema de la editorial recordamos un texto aparecido en el diario “LA Nación”, titulado “La inteligencia del optimismo y la positividad”.

No pretendemos cuestionar las enseñanzas de los autores mencionados en el texto en cuestión, ni los conceptos/ideas expuestas por ellos. No nos da la talla. Lo que si queremos cuestionar/desenmascarar es su utilización por el autor vernáculo, que algunos medios han tildado como el filosofo del Presidente de la Nación.

A lo largo de esos párrafos este filósofo juega con la presunta oposición entre pesimismo y optimismo con el fin de determinar cuál de los dos se encuentra más informado, tomando como punto de partida el dicho de que “un pesimista es solo un optimista bien informado”.

A lo largo de esas líneas intenta demostrar que el optimista es aquel que si bien no niega las dificultades es capaz de aceptarlas, en cuyo caso, se convierte en un optimista inteligente. Pero también dicho optimista deja de ser inteligente cuando su optimismo se funda en utopías o ideales. Solo se alcanza esa “inteligencia optimista” cuando renunciando a los sueños a futuro y aceptando la realidad que nos rodea, más allá de los múltiples inconvenientes que presenta, podemos hacernos cargo de ellos con una actitud positiva o con una mera sonrisa.

Pareciera ser que todo este análisis es efectuado con un único fin. Poner de manifiesto que debemos ser optimistas ante la realidad económica imperante en el País por más que no haya señales alentadoras que puedan estimular dicho optimismo o que las existentes sean contradictorias, según los datos que se utilicen. Para indicarnos que la supuesta nueva etapa política es la “época de los optimistas”. Para señalar que los argentinos, cansados de tantos fracasos, debemos entregarnos a esa nueva ola de optimismo que ha invadido las altas esferas de la sociedad argentina. Debemos estar alegres y felices ya que si bien estamos transitando “alguna que otra dificultad” vamos hacia un futuro satisfactorio e inexorable. Y nuestro aporte como ciudadanos será impregnar nuestra cotidianeidad con ese optimismo.

Nos encontramos con que, de acuerdo a lo expuesto por este asesor presidencial, los argentinos pasaremos a revestir la condición de optimistas inteligentes si, a pesar de que la realidad nos pueda estar mostrando otra cosa diariamente, esperamos con una sonrisa esperanzadora la llegada y crecimiento de los famosos “brotes verdes” o el arribo de las bondades de los segundos semestres.

Nos quiere decir que solo mereceremos ser acreedores de un futuro mejor sí, en contra de la evidencia que puede darnos el día a día, esperamos sumisamente, pero con un optimismo infundado, las mejoras económicas que vaya a saber quien hará derramar sobre cada uno de los integrantes del pueblo.

Si bien se dice que la economía esta, entre otras cosas, conformada por expectativas ello no debe inducirnos a creer que la mera expectativa optimista hará que esa economía funcione. Las expectativas de la economía se basan en hechos probables. En la probabilidad de que la inversión genere una ganancia, no sin riesgo (concepto que muchos empresarios locales deberían tratar de entender), pero no se basa en el mero optimismo.

Lo que este sofista rosado te está pidiendo es que no veas tu realidad ni la realidad que te rodea. Esa realidad que a diario te puede mostrar problemas. Capaz te quedaste sin laburo. Capaz lo tenes y es una mierda donde te explotan, donde te pagan una miseria y no llegas a fin de mes. Capaz te sacaron la pensión. Capaz te acusaron de vago o delincuente porque laburas en el Estado o eras beneficiario de algún programa social. Capaz no te alcanza para comer. Quien sabe la realidad propia de cada uno.

Pero tenes que ser optimista y positivo. Creer sin fundamentos reales en un futuro mejor. No sabemos si  cercano o lejano. Un futuro que muchas veces no te incluye. Un futuro que es para pocos. Para demasiado pocos. Un futuro con el que no podes soñar, al que no podes plantearle utopías, porque en caso de hacerlo, encima, serias optimista pero no inteligente, casi un iluso. Un futuro que quizás no llegue. Pero que tenes que esperar sentado en el zaguán con optimismo, solo por si en algún momento se acuerda de vos.

Precisamente, buscamos poner sobre la mesa estos discursos carentes de contenido para invitarte a reflexionar junto con nosotros. Si es necesario ser optimista, para ello deberán mostrarse argumentos o hechos no meras frases flojas de papeles.

Ya en la Antigua Grecia la línea de separación entre los filósofos y los sofistas era bastante difusa. Hoy como ayer, ciertos sofismas tienden a engañar al público oyente o lector, hacerle confiar o creer en cosas que no son como pretenden mostrarles. Parece que en nuestros días esa línea se ha tornado aun más difusa que antaño.

Este optimismo huele más a resignación de lo que nos toca que a una actitud positiva. Aunque resignarnos, o no, está en nosotros.

Un comentario sobre “Fumata Rosada

  • el 24 abril, 2018 a las 11:42
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    La batería de «razonamientos» adversaria no tiende a convencer sino a aplacar. Por una lado a los revoltosos y por otro las propias culpas de su público cómplice.

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