Desenmascarando el discurso de la interrupción voluntaria del embarazo

Creo en desenmarcarar discursos predeterminados por una sociedad enmarcada en el cambio continuo, reconocedora de la realidad social y de los hechos histórico políticos, creo que la actividad y los grupos de la sociedad civil  que han sido los motores  de muchos de esos cambios que se han logrado, implican que tan retrogrados los argentinos no somos…Cambios que se necesitaban, que en los hechos se materializaban pero que las normas no reconocían en el hacer, un orden legal y jurídico que siempre llega tarde a reconocer las situaciones y dar “remedios” por así decirlos, el divorcio allá lejos y hace tiempo ohhh satanas!!!…no fue tal cosa….de hecho se siguen celebrando matrimonios cotidianamente y no se dejan de solicitar fechas y turnos. El matrimonio igualitario que se venía dando previamente bajo un modelo andrógino de “unión civil”, la ley de identidad de género que permitió que las minorías auto-percibidas puedan tener un DNI acorde a la identidad de género que los identificaba y les era propia. Ahora llega el turno de sacarse las caretas y desenmascarar el discurso atrás del aborto, atrás de la despenalización de la interrupción “voluntaria” del embarazo y subrayo voluntaria porque en esta palabra me voy a detener.

El origen del Estado emana de la voluntad soberana, el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes, pero que esto no sean solo palabras o postulados teórico-políticos. Llevar este debate de salud pública al Congreso, va más allá de que simplemente uno de los poderes del Estado, en el marco del art. 75 inc. 23 de la Constitución que establece que se deberán adoptar medidas de acción positivas para reconocer y reestablecer la igualdad de goce y oportunidades de los grupos vulnerables, reconozca que las mujeres en cierta medida, en ciertos casos, aunque cada día pisen más fuerte según el  contexto socio-cultural en el que se encuentran inmersas, son un grupo vulnerable. Un grupo que no goza del plan médico obligatorio exigible por vía de los tratados internacionales, que no llega siquiera a un hospital por sus propios medios, que si se practica un aborto, ni siquiera toma conciencia de que su vida está en riesgo.

Otro tema esencial a tratar es la organización del plan de vida, fuera de aquellas mujeres consideradas  en situación de  vulnerabilidad, se encuentran las que son ascendientes profesionales, que deciden organizar su plan de vida como les venga en gana porque gozan de la plena libertad que  se ejerce en un Estado de derecho.

Cualquiera de ellas son soberanas sobre su cuerpo, y no vamos a ahondar en las dos vidas, en la adopción y temas conexos que no hacen a la cuestión de fondo que estamos planteando. ¿Por qué esas mujeres con capacidad, discernimiento, voluntad y libertad no podrían ejercer la soberanía sobre sus propios cuerpos y decidir interrumpir un embarazo?

En una sociedad de iguales, mis derechos no pueden invadir los de los demás, soy libre y los ejerzo dentro del marco que la misma ley me da, todo lo que no está prohibido está permitido, entonces  ¿por qué se permite el aborto en ciertos casos  y en otros no, quienes son los que deciden sobre el cuerpo de las mujeres? ¿Por qué no ellas mismas?

Porque se pueden descartar o guardar espermas y óvulos, descartar o no embriones y no se puede despenalizar el aborto, porque se puede legislar sobre la fertilización asistida y sobre la cobertura de las cirugías estéticas por obesidad por las obras sociales y no se puede hablar de todos los casos en los cuales quienes tienen una obra social sí se realizan prácticas abortivas, aunque se disimulan bajo la modalidad de otro tipo de cirugía o de “malformaciones genéticas graves” solo con base en una cierta posición económica un poco más holgada.

La esencia de todo esto hace a los planteos éticos morales, porque debemos dejar que el Estado se meta a regir nuestras vidas al punto de penalizar una acción que no genera un daño, sino que su no realización si lesiona la libertad de los sujetos como individuos  con derechos.

La tolerancia religiosa y  la tolerancia de las minorías en una sociedad democrática debe sentirse ejercida en ambas Cámaras, la libre elección de las mujeres y su consentimiento expreso y libre deben existir plenamente garantizados en una sociedad democrática; si esta sociedad, se dice tal, debe permitirnos ver claramente que no es lo mismo un aborto que un homicidio,  que no hay una intención de causar un daño a terceros, sino un libre ejercicio de la autonomía y la soberanía sobre el propio cuerpo .

El debate está planteado, son los representantes en ejercicio de la voluntad  y las necesidades del pueblo quienes deberán actuar a conciencia y sino el mismo tejido social  se lo demandará. Así como las luchas previas de los colectivos sociales consiguieron avances en otros derechos por los que abogaron, si esta ley de despenalización o interrupción voluntaria del embarazo no sale en el 2018, el avance,  el debate, la discusión e intercambio de perspectivas y saberes, abrirá paso a que la lucha continúe  y tarde o temprano la voluntad del pueblo soberano se escuchara y se plasmara en la realidad.

Que sea lo antes posible y que no mueran más niñas por abortos clandestinos, en ningún rincón del país sin importar si son provincias del norte, sur, este u oeste, que sean libres las mujeres para poder elegir y planear sus vidas, sin que ello les cueste la muerte o la libertad. Esperemos, que a partir del  8 de agosto, las máscaras de los discursos en la Cámara de Senadores, sigan cayendo, estaremos aquí para ser testigos. La realidad cotidiana seguirá desenmascarando discursos, aunque algunos no lo quieran ver.

Por Natalia Pacheco, para el Retorno de los Sofistas

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