Derecho e Ideología

I.- INTRODUCCIÓN

El derecho, al igual que otras disciplinas, suele ser entendido como un saber científico –objetivo– y por tanto a-político. Visto desde un formalismo-lógico, las normas (leyes, decretos, etc.) son sin más la totalidad del derecho, siendo a su vez ellas mismas quienes explican la aparición de otras tantas. Significa esto que en la referida disciplina se encuentran las razones de su aparición y forma; en otras palabras, es autoexplicativo a la vez que se crea a sí mismo. Esto claro, en la visión más paleo-positivista que pueda encontrarse[1]. De todos modos creemos que la gran mayoría de los abogados son formados en esta idea de lo que el derecho es y de su relación con el resto del mundo. Basta con que el lector haga el ejercicio de preguntarle a cualquier abogado o estudiante de derecho que entiende por derecho. Basta con que el lector le pregunte a cualquier persona que es el derecho –lo que nos remite a la construcción de un determinado sentido común–.

Por otro lado hay un sector dentro del campo jurídico que reconoce una relación entre el derecho y otras disciplinas o ámbitos de la existencia social, como son la economía y la política. En este sector se aglutinan distintas posturas en el modo de producirse tal relación. Una de las tantas cosas que tienen en común es el hecho de que contra estos sectores suele esgrimirse la palabra ideología o ideologización como una suerte de descalificativo, queriendo hacer notar que detrás de sus posturas jurídicas se hallan intereses espurios –¿políticos?–. El punto para este grupo no será acaso el modo de construir un saber científico y neutral, sino su articulación con procesos políticos.

En esta dicotomía creemos que la sociología jurídica tiene mucho para aportar, en la medida que entiende a las normas como causa y efecto de las relaciones sociales. En particular nos basaremos en la Critica Jurídica, para demarcar algunos puntos que consideramos importantes de reflexionar al momento de analizar al derecho. En esta línea y para introducir al presente y breve escrito, traemos a colación la siguiente cita: «Tras de cualquier producto jurídico del Sistema, es posible encontrar la ideología que le dio su razón de ser. Pero, esto no significa que invariablemente el sentido de la norma esté ligado a su origen histórico; derecho y poder, este último entendido como determinación concreta de la lucha de clases, están ligados. El Derecho es realmente «una técnica social específica», pero su sentido es pleno cuando se estudia: a) su especificidad y b) se determina por quien es aplicado y contra quien«[2].

Vemos entonces necesario hacer primeramente algunas precisiones sobre la utilización y relación de los términos ideología y derecho para luego hacer algunos comentarios sobre la eficacia del derecho.

 

II.- DISCURSO DEL DERECHO

La cita antes presentada nos hace entender que detrás del derecho hay una dimensión ideológica, la cual es condición de posibilidad de su existencia. Sobre este punto hacemos dos observaciones: la primera que por ideología entendemos una postura epistemológica, esto es, una determinada posición desde la cual ver los hechos y dotarlos de sentido; la segunda, que el derecho en tanto que ideología es tan real como la materia[3]. Esto último debido a que es “el conjunto de representaciones mentales de los hombres con respecto al ser[4]”. En este sentido el derecho es aparecer concreto de las relaciones sociales, en tanto que toman forma de norma. Aclaramos de una vez: el derecho no es propiamente ideología, sino más bien una creación ideológica, el derecho es un discurso o ideología formalizada. Es producido por una determinada ideología que a su vez se fundamenta en una realidad social la cual se presenta como el trasfondo ontológico.

Creado el discurso del derecho, Correas nos recuerda que “… el estado no existe antes de que alguien produzca el discurso ficcional. Consecuentemente, el discurso del derecho es anterior a la existencia del estado. No es éste quien crea a aquél, sino al revés[5]. Y al producirse el discurso del derecho en base a una determinada ideología, y esta inscribirse dentro de la lucha política, también el derecho todo. Producir el discurso jurídico (ficción, en tanto que no es algo material) es producir al estado (ficción) y esto hace que la gente actúe de acuerdo a lo que estos discursos establecen (eficacia del lenguaje), punto que denota reproducción de poder. Afirmamos entonces: el derecho tiene como finalidad la reproducción del poder[6]. Aquí es donde radica su eficacia.

Esta reproducción de poder nos remite al concepto gramsciano de hegemonía, toda vez que: “Dispone de hegemonía el sector social que consigue hacer que, en mayoría significativa, los miembros de los otros sectores sociales, produzcan las conductas que permiten al grupo en el poder, conseguir sus objetivos, cumplir sus fines, obtener sus ganancias, y reproducir las mismas condiciones. Es decir, reproducir su poder[7].

Desde esta perspectiva, no debe escapársenos que el discurso del derecho es siempre el estadio de la correlación de fuerzas que permiten a un sector determinado de la sociedad construir hegemonía. Tal es así la línea de reflexión de Ortega Peña y Duhalde, antes referida. En suma, aceptada esta realidad, la cuestión redundará en justificar en resguardo de que sector social se pretende ejercer/crear derecho.

Nos permitimos traer a colación la siguiente afirmación: “Aquel sector social que explota a los demás es lógicamente, una minoría y la forma constitucional que impone a la comunidad se llama oligarquía, vocablo de origen griego compuesto de oligon, pocos, y arké, poder […] La constitución democrática es la que para alcanzar el bienestar general conforman los sectores populares”[8]. “La concepción de la justicia reducida a salvaguardar los derechos de los propietarios privados y a que estos dispongan discrecionalmente de sus bienes, es la idea de justicia oligárquica. Y la concepción que ordena el trabajo social y los bienes primordialmente al logro del bienestar de todos, es la idea de justicia política según el léxico de Aristóteles, o justicia social o justicia del bien común como se llama ahora […] los interesados en una u otra justicia se presentan como clases antagónicas dentro de la comunidad, de suerte que establecen la Constitución con vistas a su respectiva supremacía[9].

En el antagonismo de estos sectores sociales[10] se encuentra el antagonismo de sus intereses. Más como los intereses del sector oligárquico van en contra de los derechos de la mayoría de la población, el revelarlos como tal es algo que hace mella en la construcción de hegemonía. Esta es la necesidad de presentar la realidad y las disciplinas que la abordan como algo a-político, sea entonces científico o natural; despojándolos de su carácter de construcción social. Baste preguntar si acaso alguien considera que el matrimonio es algo que está en la naturaleza por fuera de la voluntad humana. Si no es así, ¿Por qué tanta resistencia al matrimonio igualitario? ¿Cuál es el carácter natural de la propiedad privada? Recordemos que propiedad ya es una construcción social, ni que hablar de privada. En fin… si acaso la razón de ser de las normas que reglamentan tales instituciones no es natural, si es política la razón de su defensa y aplicación.

De este modo, pretender encontrar en el derecho una ciencia objetiva y neutral, es una misión más que imposible. Quienes descrean de esta imposibilidad serán aquellos quienes, queriéndolo o no, avalen el status quo, puesto que negar la relación entre derecho e ideología es negar la relación entre derecho y política. Ante esta falta de vinculación entendemos que “el neoliberalismo, como doctrina, no puede ofrecer, más allá de su apelación al mercado libre y los mecanismos formales de la democracia electoral, una normatividad positiva suficientemente fuerte para disciplinar (o inspirar) a las sociedades. A la vez, erosiona la autoridad de otros sistemas de “valores” (comunitarios, políticos, culturales, científicos, estéticos, nacionales, etc.) previamente hegemónicos o dominantes[11].

Ayra para el “Retorno de los Sofistas”

 

III.- BIBLIOGRAFIA

Beverley, John, La interrupcion del subalterno. La Paz: Plural, 2010.

Correas, Oscar, Kelsen y las dificultades del marxismo, en Revista Critica Jurídica N° 5, 1987.

____________, Eficacia del derecho, efectividad de las normas y hegemonía política, UNAM: Ediciones Coyoacán, México, 2003.

Ortega Peña, Duhalde, Historia del Derecho y liberación nacional, en Liberación y Derecho, UBA, Buenos Aires, 1974.

Sampay, Arturo Enrique, Las Constituciones de la Argentina (1810/1972), EUDEBA, Buenos Aires, 1975.

[1] Aclaramos que el termino paleo-positivista lo tomamos prestado de Luigi Ferrajoli.

[2] Ortega Peña, Luis Duhalde, Historia del Derecho y liberación nacional, en Liberación y Derecho, UBA, Buenos Aires, 1974.

[3] Oscar Correas, Kelsen y las dificultades del marxismo, en Revista Critica Jurídica N° 5, 1987, p 70.

[4] Idem p 68.

[5] Oscar Correas, Eficacia del derecho, efectividad de las normas y hegemonía política, UNAM: Ediciones Coyoacán, México, 2003, 63.

[6] “Si un grupo en el poder consigue que este proceso discursivo realmente se produzca, sin duda tiene ese poder. Y lo reproduce por medio de esta ideología. La eficacia propia del derecho, consiste, entonces, en la reproducción del poder de alguien. El poder se reproduce gracias a este complejo proceso discursivo, el cual puede resumirse en la también compleja idea de la ficción que legitima legalizando el discurso-conducta del poderoso quien, así, y por eso, reproduce su poder. La eficacia del derecho consiste, entonces, en la reproducción del poder”. Oscar Correas, Eficacia del derecho, efectividad de las normas y hegemonía política, UNAM: Ediciones Coyoacán, México, 2003, 65

[7] Oscar Correas, Eficacia del derecho, efectividad de las normas y hegemonía política, UNAM: Ediciones Coyoacán, México, 2003, 74.

[8] Arturo Enrique Sampay, Las Constituciones de la Argentina (1810/1972), EUDEBA, Buenos Aires, 1975, p. 3.

[9] Ídem 3 y 4.

[10] Bien puede pensarse en los trabajadores y empresarios, o también en la lucha de las mujeres contra el patriarcado. Es decir, no hay solo una contradicción en el seno de la sociedad.

[11] John Beverley, La interrupcion del subalterno. La Paz: Plural, 2010, p. 9.

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